{"id":2286,"date":"2014-01-20T23:54:28","date_gmt":"2014-01-20T23:54:28","guid":{"rendered":"http:\/\/pepedivemahahual.com\/entre-narcos-y-soldados\/"},"modified":"2014-01-20T23:54:28","modified_gmt":"2014-01-20T23:54:28","slug":"entre-narcos-y-soldados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/entre-narcos-y-soldados\/","title":{"rendered":"Entre narcos y soldados"},"content":{"rendered":"<p>A lo largo de estos \u00faltimos 20 a\u00f1os he tenido numerosas experiencias bajo el agua y en tierra firme, pero ha sido ante las mism\u00edsimas &#8220;puertas del cielo&#8221; donde me ha ocurrido uno de los episodios m\u00e1s extra\u00f1os y surrealistas que recuerdo. <\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Fue hace apenas unas semanas cuando exploraba la Laguna Mosquitero, en la zona m\u00e1s remota de la Reserva de la Biosfera de Sian K\u00e1an, en M\u00e9xico, buscando una nueva ruta en kayak que ofrecer a nuestros clientes de Pepe Dive Mahahual cuando el Caribe se pone tonto y no permite bucear.<br \/>\nSian K\u00e1an significa en lengua maya \u201cla puerta del cielo\u201d y en verdad que este lugar tiene algo de m\u00edstico, de m\u00e1gico, que te transporta a una dimensi\u00f3n superior. Entre manglares exuberantes, con las transparentes aguas de la laguna en calma total, ese hac\u00eda muy raro el o\u00edr romper las olas del Caribe (la costa est\u00e1 muy cerca) y por encima de ese ruido bravo y rudo, los sonidos alegres y despreocupados de un sinf\u00edn de aves ex\u00f3ticas que parec\u00edan burlarse del monumental enfado que mostraba ese d\u00eda el mar. La laguna es un aut\u00e9ntico para\u00edso ornitol\u00f3gico donde llamativas garzas vuelan junto al guajalote, al tuc\u00e1n o al halc\u00f3n reidor&#8230; Mientras en el cielo ocurren cosas, bajo el kayak, a trav\u00e9s de las aguas transparentes se observa las correr\u00edas de grupos de pargos perseguidos por barracudas y otros peces m\u00e1s t\u00edpicos de la cercana Gran Barrera Maya que de las lagunas de los humedales.<br \/>\nPero no fue en este inspirador escenario donde comenz\u00f3 la verdadera aventura, sino en su orilla, justo cuando recog\u00edamos los kayaks para volver a Mahahual. La furgoneta no pudo remontar la primera duna de San Mart\u00edn -la m\u00e1s grande del Estado de Quintana Roo- y haciendo una maniobra de retroceso, el veh\u00edculo qued\u00f3 atrapado entre la arena y la maleza. Bufff! ni pa&#8217;lante ni pa&#8217;tras. Est\u00e1bamos atrapados en plena selva, donde no pasa nadie en semanas. R\u00e1pidamente hice mis c\u00e1lculos: quedaban unas dos horas de luz, ten\u00edamos agua, unas galletas, algo de fruta y una amplia y c\u00f3moda furgoneta&#8230;, pasar\u00edamos la noche en la selva y por la ma\u00f1ana, cuando mis chicos advirtiera que no hab\u00eda vuelto a casa, vendr\u00eda a buscarnos con todo lo necesario para sacarnos de la trampa de arena y maleza en la que estaba atrapado. Estaba todo calculado&#8230;, o eso pensaba yo.<br \/>\nTras 20 minutos de in\u00fatiles intentos por sacar el carro, desist\u00ed de seguir con la labor. No ten\u00eda medios ni herramientas adecuadas. Me sent\u00e9 a esperar. A los pocos minutos algo me puso en alerta, un ruido lejano&#8230; !era un motor! Sub\u00ed corriendo por la duna hasta el camino y esper\u00e9 unos segundos. Entre las palmeras vi aparecer una camioneta de la Armada mexicana !de la Marina! !Estamos salvados! -pens\u00e9-&#8230; en aqu\u00e9l momento no sab\u00eda lo lejos que estaba de tener raz\u00f3n.<br \/>\nCuando aquellos militares me vieron en la lejan\u00eda, se detuvieron en seco. Yo les hac\u00eda se\u00f1as con los brazos (como un n\u00e1ufrago en una isla desierta se lo har\u00eda al primer barco que viera aparecer, fueran de piratas o no), pero ellos no parec\u00edan que quisieran acercarse&#8230;, m\u00e1s bien parec\u00eda que desconfiaban de un hombre desesperado que aparec\u00eda de repente en medio de un camino solo frecuentado por pescadores furtivos y por narcotraficantes o contrabandistas (son cosas de estos lugares apartados y fronterizos). Se bajaron todos de la camioneta, excepto el conductor, y se desplegaron en perfecta formaci\u00f3n militar: el que parec\u00eda mandar, por el centro del camino, con una mano en el cintur\u00f3n, y a sus flancos, algo retrasados, dos filas de tres hombres cada uno, con las manos en sus ametralladoras. Pens\u00e9 que era normal, estos destacamentos recorren estos lugares tan remotos en busca, principalmente, de narcos y traficantes de armas.<br \/>\nCuando llegaron hasta m\u00ed, me dirig\u00ed al comandante -un hombre de unos 50 a\u00f1os, fuerte, no muy alto y con un poblado bigote y un rictus de seriedad en su rostro acorde con su rango- y le expliqu\u00e9 la situaci\u00f3n. No le hizo mucha gracia, pero supongo que no era plan dejar abandonados all\u00ed a dos personas y orden\u00f3 a sus j\u00f3venes hombres que se pusieran manos a la obra. Se dirigieron a la furgoneta y, entre todos, intentaron moverla para delante y para atr\u00e1s, pero aquello no funcionaba, el pesado veh\u00edculo se iba desplazando poco a poco hacia la maleza, cada vez m\u00e1s lejos del camino. Tras una hora de intentos, la situaci\u00f3n era mucho peor: la van estaba m\u00e1s enterrada y, adem\u00e1s, se hab\u00eda quedado apoyada sobre una palmera, ya s\u00f3lo ten\u00eda salida hacia adelante, hacia la pendiente de la duna. Necesit\u00e1bamos una pala que no ten\u00edamos.<br \/>\nPara quitarle hierro a la situaci\u00f3n, le pregunt\u00e9 al comandante -con un poco de sorna- c\u00f3mo era que un ej\u00e9rcito tan preparado no llevara encima una m\u00edsera pala en la camioneta. El hombre me mir\u00f3 fijamente y parsimonioso me respondi\u00f3: \u201cnosotros no nos quedamos atrapados en la arena. Primero analizamos el terreno y luego actuamos\u201d. Me dej\u00f3 planchado. Me re\u00ed y le dije: \u201cacaba usted de hacerme comer mis palabras\u201d.<br \/>\nPoco despu\u00e9s alguien sugiri\u00f3 que utiliz\u00e1ramos la camioneta de la Marina para tirar de la m\u00eda. El comandante accedi\u00f3 y uno de los soldados fue a dar la vuelta al veh\u00edculo para colocarlo en posici\u00f3n, pero s\u00f3lo consigui\u00f3 meter la camioneta en la arena y tambi\u00e9n qued\u00f3 atrapada. Nos fuimos todos para all\u00e1 a intentar sacarla de la trampa y, entonces me puse al lado del comandante y me vengu\u00e9. Haciendo como que hablaba al aire dije:  \u201cqu\u00e9 bien nos vendr\u00eda ahora esa pala\u201d y el comandante me mir\u00f3 -jurar\u00eda que tras su enorme mostacho vi una peque\u00f1\u00edsima sonrisa- y dijo: \u201csabe usted el dicho&#8230; por la boca muere el pez\u201d. Fin de la conversaci\u00f3n.<br \/>\nSacamos la camioneta de la arena, pero el comandante renunci\u00f3 a utilizarla para ayudarnos. No quer\u00eda arriesgar el material militar en esta peligrosa misi\u00f3n de rescate. Est\u00e1bamos igual o peor que al principio y la noche ya empezaba a caer en Sian K\u00e1an. Los soldados empezaron a ponerse nerviosos. Dec\u00edan que era muy arriesgado quedarnos all\u00ed por la noche. Demasiados animales peligrosos merodeando por la selva (cocodrilos, jaguares, serpientes&#8230;). Cuando ya est\u00e1bamos decidiendo si nos qued\u00e1bamos a pasar la noche en la furgoneta o si nos desplaz\u00e1bamos con los militares a su campamento, a 10 kil\u00f3metros de all\u00ed, otro veh\u00edculo entr\u00f3 en escena. Por el camino apareci\u00f3 una enorme pick up blanca, de ruedas enormes y con los cristales tintados. Al igual que yo, los militares la vieron, pero no hicieron amago de nada. Se limitaron a poner sus manos sobre sus metralletas (de las que en ning\u00fan momento se hab\u00edan separado). Yo no me cort\u00e9, sal\u00ed corriendo al camino a pedir ayuda. La pick up se detuvo junto a m\u00ed y el cristal del copiloto se baj\u00f3 electr\u00f3nicamente. En el interior, tres hombres, serios, con buena pinta, de entre 55 y 65 a\u00f1os, con barbas recortadas y cuidadas y ropa limpia. No dijeron ni m\u00fa, ni lo intentaron, s\u00f3lo me escucharon. Luego miraron por encima de mi hombro y observaron al destacamento de militares. Se miraron entre ellos y, sin decir nada, se bajaron del veh\u00edculo y se dirigieron a la furgoneta.<br \/>\nFue ah\u00ed cuando me di cuenta de que algo extra\u00f1o ocurr\u00eda. Los soldados, al verlos venir, dieron un paso atr\u00e1s y les dejaron el camino libre. Nadie se salud\u00f3. Mir\u00e9 al comandante y estaba m\u00e1s serio si cabe. Creo que eran narcos&#8230;, y por su porte y vestimenta, no eran machacas, sino capos o lugartenientes de los gordos.<br \/>\nLos tres hombres examinaron la situaci\u00f3n de la van. Luego, el que parec\u00eda tener la voz cantante, comenz\u00f3 a movilizar a todo el mundo, soldados incluidos. Mientras daba \u00f3rdenes sin reparo y con autoridad, el comandante aprovecho para retroceder unos pasos y ponerse junto a mi compa\u00f1era Mar. Dejaba hacer, pero se estaba quitando de en medio.<br \/>\nFue todo muy r\u00e1pido. Coloc\u00f3 a todos en su posici\u00f3n, hizo que empujaran de un lado y de otro con la idea de desplazar el veh\u00edculo de forma lateral y pin, pan, pun tomalacasitos, en un abrir y cerrar de ojos, la furgoneta estaba otra vez en el camino.<br \/>\nNo me quedo ni tiempo para darles las gracias. Entre el j\u00fabilo y las \u00faltimas maniobras para sacar de all\u00ed mi furgoneta, los tres misteriosos hombres se fueron igual de silenciosos que hab\u00edan llegado. Volvimos a quedarnos solos con mis amigos los marinos.<br \/>\nYa en el camino, nosotros con la furgoneta en direcci\u00f3n sur, apuntando a Mahahual, y los militares en sentido contrario, lleg\u00f3 la hora de las despedidas. Me fui hacia el comandante, me met\u00ed la mano en el bolsillo, saque un billete de 500 pesos (unos 35 euros) -una fortuna para un militar- y se lo ofrec\u00ed como agradecimiento.<br \/>\n       &#8211; No, no, \u00a1por favor! -exclam\u00f3 el comandante-<br \/>\n       &#8211; \u00a1Pues para sus hombres! -insist\u00ed- es mi forma de agradecerles su ayuda.<br \/>\nEntonces fue cuando \u00e9l, todav\u00eda con el No en sus labios, estir\u00f3 su cuello por encima de mi hombro como una jirafa y miro tras de mi con mirada felina. Instintivamente, gir\u00e9 mi barbilla hacia mi hombro intentando adivinar que era lo que quer\u00eda ver el militar y me di cuenta que s\u00f3lo estaba comprobando que sus soldados no estaban cerca de nosotros. Cuando quise darme cuenta el billete hab\u00eda desaparecido de mi mano&#8230;, pero tampoco fui capaz de verlo en la mano del comandante&#8230;, con un r\u00e1pido movimiento, digno del mejor mago, hab\u00eda conseguido atrapar el dinero y yo no pude ver si se lo meti\u00f3 en el bolsillo, en la manga de la camisa o debajo de la gorra. Una vez m\u00e1s, la mano fue m\u00e1s r\u00e1pida que la vista. Ah\u00ed me di cuenta que mis 500 pesos jam\u00e1s ser\u00edan disfrutados por la tropa.<br \/>\nEstrechamos afectuosamente la manos y poco despu\u00e9s, con la noche encima, ya est\u00e1bamos camino de Mahahual, dej\u00e1bamos las puertas del cielo para volver a casa. Se acab\u00f3 otro d\u00eda m\u00e1s en el para\u00edso.<\/p>\n<p>\u00a1Larga vida a los oc\u00e9anos!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A lo largo de estos \u00faltimos 20 a\u00f1os he tenido numerosas experiencias bajo el agua y en tierra firme, pero ha sido ante las mism\u00edsimas &#8220;puertas del cielo&#8221; donde me ha ocurrido uno de los episodios m\u00e1s extra\u00f1os y surrealistas que recuerdo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2534,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[84,92],"tags":[93,94,95,96,97,98],"class_list":["post-2286","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-aventura-en","category-historias-sociales-en","tag-kayak-en","tag-mahahual-en","tag-militares-en","tag-narcotraficantes-en","tag-ornitologico-en","tag-sian-kaan-en","clearfix"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2286","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2286"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2286\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2534"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2286"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2286"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/pepedivemahahual.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2286"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}