Cartel simpático en el malecon de Mahahual

El Master & Commander

Echo de menos las historias de narcos que El Master (uno de nuestros capitanes) suele contar a nuestros clientes cuando salimos a bucear a nuestro arrecife de Mahahual. Nadie se espanta porque no las ven como una realidad social de este pequeño rincón fronterizo del Caribe mexicano, sino como apasionantes historias de aventuras en el trópico. Pero El Master desapareció repentinamente hace tres semanas

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Nos dijo que se había ido a Honduras (él es hondureño) a cobrar una herencia (parece que su mamá murió). Afortunadamente, mientras esperamos su regreso, nuestro otro capitán, Juan, que es un hermano de la Iglesia Evangélica o algo así (sí, ya lo sé en Pepe Dive Mahahual no tenemos medias tintas…, o blanco o negro), nos echa una mano para seguir buceando a pleno rendimiento.
Pero volvamos al Master que es el protagonista de este post… Hombre enjuto que parece hablar entredientes permanentemente y que oculta tras unas enormes lentes estilo rayban una cara difícil de entender, que parece haber sido diseñada con retales de otros rostros ajenos. Reconozco que no fue así desde el principio, pero me gusta El Master. En estos meses que lleva con nosotros, me ha ganado…, con trabajo, con seriedad y con lealtad, además que conoce el arrecife como nadie, capaz de encontrar los canales entre los quebrados como si estuviera harto de hacerlo por la noche, sin luz alguna que le guiara. Dejamos que El Master duerma por las noches en la Gran Kraken y así cuida nuestro barco y siempre los tiene limpio y a punto para navegar.
En estas semanas que falta de Mahahual me han llegado un montón de habladurías sobre él, pero ni las he creído porque son sólo eso, habladurías y aquí, en este pueblo en el paraíso hay mucho tiempo libre para hablar… (y para beber) y a cada momento salen buenísimas historias de borrachos que nos alegran el día a día. La más divertida fue la que me contaron esta mañana, tras salir de bucear. Parece ser que El Master, mientras limpiaba el casco de nuestro barco, metido en el agua por la cintura, se metió bajo el muelle y allí, encajado en un rincón oscuro y olvidado encontró un objeto flotando…, ni más ni menos que un Pez Cuadro…, para los no iniciados en el rico y extenso vocabulario popular de esta región mexicana del Caribe les diré que en Mahahual todo el mundo sueña con encontrarse algún día uno de estos peces… El animal en cuestión no tiene escamas ni espinas, sino que se trata, ni más ni menos, de los fardos que los narcos que operan por la zona pierden en las operaciones de narcotráfico. Dicen que unas veces los tiran desde aviones y abajo, en el mar, son recogidos por lanchas rápidas y, en otras ocasiones se pierden cuando son arrojados por esas lanchas cuando son perseguidas por las embarcaciones de La Marina. Según estas habladurías, el Pez Cuadro que encontró El Master pesa 15 kilos y para saber su valor en el mercado sólo hay que multiplicar esa cantidad por 200.000 pesos. Parece que el fardo llevaba allí, olvidado, muchos meses y que El Master lo sacó, se lo echó a la espalda y se lo llevó de allí (espero que después de terminar el trabajo de limpieza del barco). Seguramente no le costó reconocer el sello que todos los fardos llevan e identificó rápidamente a sus propietarios, a los que devolvió su paquete. Dicen que le recompensaron con 1.200.000 pesos y que lo primero que hizo fue comprarse un teléfono móvil y hacerse la cirugía estética en la cara (algunos en el pueblo ya bromean diciendo que se ha puesto la cara de Brad Pitt). Dicen en el pueblo que lo ha hecho muy bien, que se ha ocupado de su familia y que ya tiene dinero suficiente para que su lindísima hija de cinco años tenga asegurada la escuela…, pero claro son habladurías…
Hablé por teléfono con él hace unos días (me sorprendió que por fin se haya comprado un celular) y le pregunté si tras cobrar la herencia va a volver a trabajar y nos respondió: “la chamba es la chamba”. Así que le esperamos como agua de mayo, porque este mes tenemos mucho trabajo en el centro de buceo. Master, echamos de menos tu cara hecha de retales, vente pronto y confírmame, por favor, que tu mamá, efectivamente, era rica.
¡Larga vida a los océanos!

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